sábado, 25 de marzo de 2017

jueves, 30 de octubre de 2014

El Rio

El Chuviscar pasaba muy cerca de la casa, estaba en una hondonada como a unos 300 o 400 metros y su cauce era mas o menos de unos 5  metros d ancho y fue una experiencia maravillosa el haberlo tenido cerca. En verdad nunca supe, a ciencia cierta, la profundidad pero tenía varias partes, y las diferentes calles de la colonia como la Elia, y la Margarita eran las que alimentaban el rio en tiempo de lluvia. Era de alguna forma como el mismísimo rio de Tom Sawyer o Hucklelberry Finn, pero más chico.

Una de ellas  la Pompa que era en realidad una manera de detener el agua cuando se abrían las compuertas de la Presa Chuviscar porque estaba demasiado llena por las copiosas lluvias en ese tiempo creo era la mas profunda y ya se había ahogado gente ahí.

Solo un par de ocasiones recuerdo que el rio estuviera lleno a toda su capacidad y el ruido tan fuerte que hacia el agua al pasar, es una sensación muy intimidante ver tanta agua a velocidad y de lado a lado. Recuerdo una de las veces muy bien porque fue cuando murió Mama Cuca, de la que después hablare.

Luego estaba la parte central con dos lugares para cruzar a pie cuando no llevaba mucha agua y permitía salir desde nuestra colonia, hasta detrás de el Santuario de Guadalupe y de la Colonia Campesina.

Había mucha fauna en el rio, desde langostinos, mojarras, patos, gallaretas y renacuajos, hasta ratones, lagartijas, zorros y muchísimos insectos. En una ocasión me encontré una trampa muy ingeniosa en las yerbas del rio y me la lleve a la casa, con los años quien sabe donde quedaría.

Fue en el rio precisamente donde conocimos a un personaje muy particular, que hasta la fecha recuerdo con mucho cariño por que no solo nos cuidó como un hermano mayor, también nos enseño a hacer muchas cosas. Su nombre es Jaime y jamás supimos de donde salió, un día sin que lo viéramos venir apareció y se hizo amigo de nosotros. Era alto, delgado blanco con cabello chino café obscuro y ojos chinos, siempre sonreía lo recuerdo muy bien. Hacia cuevas con las jarillas del rio, y ahí nos metíamos todos a platicar y a contar historias, el nos contaba muchas, recuerdo sus platicas sobre las gitanitas y como se reia al contarlas. Nos enseño a hacer una lumbrada siempre cuidándola con piedras alrededor, para que no se quemara nada, también a hacer arcos y flechas con las jarillas del rio, usando fichas de refresco aplanadas y dobladas para que se fijaran a la punta, y  como había varias aves en el rio, no faltaban plumas para terminarlas, las probábamos tirándole a todo lo que se pudiera y para nuestro regocijo funcionaban.

También aprendimos a pescar charales usando una red de mandado, de las que usaban las abuelas para ir al mercado, y poniéndole dentro una cruz de madera para que estuviera abierta, y le amarrábamos un cordón para poder jalarla, la metíamos al agua y se llenaba de charales, la sacábamos con ellos y los secábamos al sol con sal para comerlos.

En ocasiones, juntábamos el poco dinero que traíamos entre todos y comprábamos coca colas dos latas de sardinas y galletas saladas y no las comíamos ahí alrededor de la lumbrada y reíamos y platicábamos mucho.

En otra ocasión nos llevo a pescar a la presa a pescar, no sin antes advertirnos de los peligros de ir a pescar ahí. Recuerdo que me acerque mucho a la orilla de las compuertas y me puso una regañada bárbara y bien merecida, porque si algo me hubiera pasado, que le hubiera dicho el a mis papas?

Duramos bastante tiempo yendo al rio todos los días y siempre estaba el ahí, esperándonos con su sonrisa de siempre. Con el tiempo crecimos y dejamos de ir, jamás volvimos a saber de él fue triste porque nunca pude darle las gracias por todo lo que hizo por nosotros, los muchos momentos que pasamos con él y todo lo que nos enseño. Para mí, fue un ángel que nos mando Dios para cuidarnos, hizo su trabajo y desapareció. En mi mente sigue él en el rio haciendo cuevas con las jarillas, arcos, flechas y lumbradas. Gracias Jaime, donde quiera que estes bien.

sábado, 26 de octubre de 2013

Viajes en tren


El tren es un medio de transporte que automáticamente me traslada a un tiempo remoto de la infancia, del cual guardo recuerdos muy gratos. El sonido de las ruedas sobre las vías y el silbato del tren, puedo escucharlo claramente y hasta la fecha, cada vez que lo escucho me trae muchos recuerdos. En una ocasión nos fuimos en tren hasta Torreón a visitar unos parientes y de ahí a Saltillo por que mi tio Beto, hermano de mi mama, estaba por casarse. Lo mas divertido era poder caminar dentro de los vagones y sentir ese vaivén que me gustaba mucho.  Al llegar nos esperaban mis abuelos maternos, los cuales vivían en Monterrey, al igual que algunos tíos mas. Recuerdo muy bien una canción que hasta la fecha le tengo un gran aprecio por que me lleva precisamente a ese momento y lo vuelvo a vivir una ves mas y recuerdo todo con una exactitud asombrosa La canción es Saturday in the Park de Chicago, no se por que pero la música tiene ese efecto, no se si de tal intensidad para todos pero en mi así es. 

En otra ocasión íbamos a Cd. Juarez en el autovía que eran unas maquinas de dos motores, uno delante y uno detrás que podían ir y venir sin tener que voltearse. Veníamos mis hermanos Monica y Felipe. Yo estaba sentado enseguida de mi mama y nos encontrábamos jugando al ahorcado,  no podía ganarle aun cuando supiera la respuesta. Creo que ella lo sabia y reíamos con cada palabra, también me enseno que "las quince letras" son efectivamente quince y que Anita lava la tina"dicho al derecho y al reves se escribe igual, y para un ninio de 7 u 8 anios es bastante increible y divertido

Llegábamos a Cd. Juarez a la estacion del centro y de ahi a tomar el tranvia  para ir a El Paso de compras y hospedarnos en un hotel del centro. En ese tiempo el centro tenia su encanto, lleno de tiendas y lugares para ver muchas cosas. Uno de los lugares que le gustaba a mi madre, después de La Popular y La Casa Blanca, por supuesto, era Cress, una tienda grande, en un subterráneo, donde ahora esta el Mc Donalds del centro, y con muchísimas cosas para comprar, pero nosotros íbamos por una razón en particular y era una pastel del tipo Angel Cake con cubierta de merengue con coco que a mi mama le fascinaba, así que era una parada obligada.

El viaje de regreso era de la misma manera, en el autovía y mi papa nos iba a esperar en la estación de la División del Norte y de ahí nos íbamos a la casa platicando todo lo del viaje y lo que habíamos comprado.

Con el paso del tiempo los viajes en autovía y en tren fueron desapareciendo para darle paso a los camiones, los cuales eran mas tardados, pero pues ni modo el tren de pasajeros estaba destinado a desparecer, para luego renacer en la década de los 90 con un nombre muy particular, Él Rápido de la Frontera" que hacia el trayecto exactamente en 4 horas y servia comida incluida en el precio. El personal siempre traía su uniforme bien planchado y limpio y a parte podías tomar cualquier tipo de bebida, creo que era concesión a alguna empresa, por que el servicio era excelente. Para nuestra desgracia, te enteras que la concesión ha terminado por lo sucio de los uniformes y la baja calidad de la comida, así que el servicio irremediablemente desapareció. Al parecer todas las cosas buenas que había en nuestro pasado desaparecen para darle paso a una modernidad fría y empresarial, una lastima, por que nuestros hijos jamas sabrán lo que es viajar en tren a otro lugar que no sea La Sierra Tarahumara que es el único que queda hasta donde se en nuestro país, y que vale la pena hacerlo y disfrutar el trayecto.

viernes, 25 de octubre de 2013

Un domingo inolvidable

Un domingo inolvidable

1975 e iniciando el primero de secundaria. Era una realidad ya, dejábamos la primaria, y aun cuando había sido muy divertido estar en ella, teníamos que partir a otra escuela. Entre al Instituto de Estudios Superiores o IES como lo conocíamos nosotros, en donde hice grandes amigos y amigas y me divertí mucho , otras no tanto, creo es parte de vivir. 

Cuando eres niño los domingos, son particularmente aburridos, pues todos tus amigos están en casa con sus respectivas familias y aburriendose igual que uno, y sin una alma con quien hacer nada, fuera de tus hermanos y hermanas, que en ese momento no son los mejores compañeros de juego, pero al tiempo los valoras en su justa dimensión. 

Estaba pues pensando que hacer y me vino a la mente jugar con mis hombres de acción, que eran unos muñecos de plástico, que movían las piernas y los brazos, y contaban con muchos accesorios como:  armas, diferentes uniformes, caballos etc. Empece a jugar con ellos como siempre, poniéndolos en el jardín  en diferentes posiciones de combate, luchando con un sinnúmero de enemigos imaginarios y haciendo todos los ruidos de ametralladoras, balazos, granadas y cañones, con que mas? si no con la boca.

Entrado ya en el juego y en plena diversión  me acorde de algo que paralizo mi juego por unos instantes.  Era normal que todo un joven de secundaria jugara todavía con sus hombres de acción? Como lo verían mis compañeros de la secundaria?, especialmente los muy aseñorados, que ya contaban con bigote? Me encontraba pues, en un serio dilema, por que me estaba divirtiendo como enano, pero con un cierto sentimiento de culpa, y fue precisamente en ese momento que me di cuenta que ya había crecido y que ya no podría jugar con mis juguetes de niño por mas tiempo, no importa cuan divertido fuera, así que decidí hacer la mejor despedida para mis hombres de acción y jugué y los disfrute como nunca, todavía tengo la imagen en mi mente donde me veo de niño con el Coronel Maddox en su uniforme de caballería  montado en su caballo negro y a uno de mis G.I. Joes vestido con su uniforme de combate y armado hasta los dientes en un Jeep.  Que juego fue aquel, jamas lo olvidare, porque en mi mente, todavia puedo ver a mi ninio interior jugando.




sábado, 12 de enero de 2013

El Papalote

Un domingo, como muchos otros, nos encontrabamos en la casa, aburridos como todos los domingos. No se por que lo son, o lo eran en ese tiempo de la niñez, sera a caso por saber que al dia siguiente regresariamos a la escuela, y de niño a nadie nos gusta? o por que es un dia familiar y no podiamos jugar con los amigos como de costumbre? pues los juguetes seguian ahi dentro de los cajones, siempre esperando por nosotros.

Estabamos pues esa tarde de verano despues de comer, mi padre estaba con animos de jugar o de hacer algo con nosotros, o a lo mejor para sacarnos de ese aburrimiento que produce una inquietud barbara en los niños. Asi que salimos de la casa mi hermano mi papa y yo. 

Nos habian regalado unos papalotes, el de mi hermano no lo recuerdo bien, pero el mio era uno de forma triangular, como tipo mantarraya, de color azul. Tenia un paracaidista en pleno vuelo y decia skydiver.

Caminamos por la calle Leticia, pasamos la Elia y unas casas adelante, pasando la casa en la que alguna ves vivio Ana Luisa Leyva,  habia un gran terreno baldio, el cual daba hacia el Rio Chuviscar, y si se seguia hasta arriba, daba hacia un enorme  tanque de agua en donde hoy se encuentra la Potabilizadora. Mas adelante estaba el Instituto La Salle y de ah la Presa Chuviscar.  Era una gran extension de terreno, y habia una planicie muy larga en donde poder correr, andar en bicicleta o volar papalotes.

Ya estando ahi, mi papa empezo a armarlo: tenia una estructura triangular, con una punta de plastico en donde se insertaban dos varillas de madera en unas solapas, se amarraba el hilo en el centro en una parte hecha para tales efectos, y asi quedaba lista vara volar. Se levanto con el papalote en la mano, y empezo a tomar el hilo que necesitaba, se alejo de nosotros  con rumbo hacia el tanque de agua. Cuando estuvo a una distancia razonable, inicio carrera, mi papa, gano algunas medallas en el ITESM Campus Monterrey en pruebas de velocidad, asi que para el no era problema correr rapido. 

No voy a olvidar el ver mi papalote volar por primera ves, jamas habia visto uno, asi que era toda una experiencia verlo volar detras de mi papa, primero dando algunos vuelcos erraticos, pero luego, poco a poco casi de manera imperceptible, empezo a izarse y mantenerse en vuelo, era maravilloso verlo volar, mi papa empezo a darle hilo poco a poco, para elevarlo mas, y asi, inicio su vuelo cada ves mas alto mientras mi papa corria hacia nosotros.

Jamas olvidare su rostro sonriente corriendo, sabiendo que el papalote ya se encontraba en vuelo, quiza solo lo hizo para llegar a nosotros mas de prisa, quiza lo hizo para elevarlo mas alto, es una imagen que tengo grabada en el alma, mas que en la memoria, por que creo que por un momento conoci al niño interior de mi papa,  que en ese preciso momento, estaba ahi con nosotros, feliz volando el papalote y yo orgulloso y feliz por verlo.

Asi nos quedamos, volando el papalote, cada ves mas alto, hasta que era solo una pequeña figura suspendida magicamente en el aire, por no se cuanto tiempo. De niño el tiempo transcurre de manera diferente, de alguna extraña manera mas lento que de adulto. Deberia quedarse el tiempo asi para siempre nuestra percepcion del tiempo no?

Siento que ese momento fue asi, lento, por que en mi mente sigo viendo a mi papa, con esa amplia sonrisa correr, pero en camara lenta mientas de fondo escucho una cancion de un comercial que me gustaba. De esa forma, se impresiono esa imagen en mi alma y en mi cerebro, como las imagenes de una camara estenopeica cuando abrimos el objetivo y dejamos entrar la luz y poco a poco se forma la imagen imborrable ya.

domingo, 28 de agosto de 2011

Infancia... añoranza de tiempos mejores

Sexto de primaria esa etapa magica entre ser ninio y empezar la pre adolecencia. El mundo era diferente. Era tiempo en que usabas calcetas hasta la rodilla, tenis converse, shorts hechos de un pantalón cortado de mezclilla y una camisa de rayas estilo pepe el toro. Un montón de amigos jugando soccer en la calle en un tarde cálida de verano, para después tomar agua directamente de la llave, sentarse bajo un árbol a ver quien había hecho la mejor jugada, risas, bromas, juego y diversion, mientras en el radio de algun vecino se escuchaban canciones como Hooked on a feeling de Blue Swede, Band on the Run de Paul McCartney, o Venus de The Shocking Blue y pensaba que esa era la mejor canción del mundo. El tiempo después me diría al oído que la mejor canción del mundo es la que estas disfrutando en ese momento y que hay muchas.
La calle era nuestro patio y eramos sus dueños. Lo mismo soccer que baseball, o declaro la guerra a....! tirarse maromas en el pasto, o jugar luchas.  Los terrenos baldíos y el Río Chuviscar hacían mas grande todavía nuestro patio.

Ya anocheciendo, era tirarse en el pasto a ver las estrellas, jugar escondidas o bote volado, mientras la risa, las bromas y el juego seguian, no habia nada de que preocuparse, todos esperabamos el caracteristico grito de ya metanseeeeeee! o ya esta la cena.  Nos ocupabamos en divertirnos y en ser niños, y sabiamos que el dia siguiente seria igual.

viernes, 22 de julio de 2011

Vagancias menores

Hay varios recuerdos que se me vienen a la mente con los cambios de luz de verano a otoño. A veces recorrer la colonia de niño con mi inseparable secuaz el Bony Barriot y pensar en que nueva vagancia podríamos hacer, claro, no eran cosas muy serias. Cosas simples como timbrar en una casa y salir corriendo, tomar mandarinas o chabacanos del árbol del vecino, trepar por las bardas de las casas y de ahí a los techos y desplazarnos por ellos por toda la cuadra, o esperar al camión de los refrescos, para tomarlo por asalto y lograr el codiciado botín de una Elite El Valle de botella, de las grandes. El procedimiento era muy sencillo, mientras checabamos a donde se dirigía el chofer del camión, cuando se bajaba a hacer una entrega, aprovechamos para tomar cualquier refresco, sin importar el sabor y salir corriendo con el botín, por ser pequeños, cabíamos casi en cualquier parte. El plan era salir corriendo y perdernos en los laberintos, muy conocidos por nosotros, del Rio Chuviscar que pasaba cerca de la casa. El corría para un lado y yo para el otro, así que el chofer se conformaba con pegarnos una correteada barbara y luego hacer corajes. El botín, lo disfrutábamos, caliente, pero rico después de toda la odisea.

En otra ocasión, nos dio por quitarle las molduras a los carros, esas que dicen el modelo como Thunderbird, Falcon etc. teníamos una colección bastante nutrida de ellas, pero la mas codiciada era precisamente la del Thunderbird, que le quitamos a el auto de un acaudalado empresario, y al estarlo haciendo, que se cae y hace ruido, y su chofer salio y nos pego una correteada barbara, pero el miedo, y la adrenalina nos dieron fuerza para escapar en bardas y azoteas de las casas vecinas, para luego terminar en el cuarto de atrás de mi casa, y platicar entre risas nerviosas y falta de aliento, la odisea entre risas nerviosas, lo que acabábamos de vivir

Al tiempo, un dia, mi madre descubrio la coleccion que teniamos guardada dentro de un sofacama que teniamos en el cuarto de atras, y me hizo tirarlas, me dolio mucho tener que hacerlo, pero pues ni modo, el castigo ya me lo sabia de sobra.