El Rio
El Chuviscar pasaba muy cerca de la casa,
estaba en una hondonada como a unos 300 o 400 metros y su cauce era mas o menos
de unos 5 metros d ancho y fue una experiencia maravillosa el haberlo
tenido cerca. En verdad nunca supe, a ciencia cierta, la profundidad pero tenía
varias partes, y las diferentes calles de la colonia como la Elia, y la
Margarita eran las que alimentaban el rio en tiempo de lluvia. Era de
alguna forma como el mismísimo rio de Tom Sawyer o Hucklelberry Finn, pero más
chico.
Una de ellas la Pompa que era en realidad
una manera de detener el agua cuando se abrían las compuertas de la Presa
Chuviscar porque estaba demasiado llena por las copiosas lluvias en ese tiempo
creo era la mas profunda y ya se había ahogado gente ahí.
Solo un par de ocasiones recuerdo que el rio
estuviera lleno a toda su capacidad y el ruido tan fuerte que hacia el agua al
pasar, es una sensación muy intimidante ver tanta agua a velocidad y de lado a
lado. Recuerdo una de las veces muy bien porque fue cuando murió Mama Cuca, de
la que después hablare.
Luego estaba la parte central con dos lugares
para cruzar a pie cuando no llevaba mucha agua y permitía salir desde nuestra
colonia, hasta detrás de el Santuario de Guadalupe y de la Colonia Campesina.
Había mucha fauna en el rio, desde langostinos,
mojarras, patos, gallaretas y renacuajos, hasta ratones, lagartijas, zorros y muchísimos
insectos. En una ocasión me encontré una trampa muy ingeniosa en las yerbas del
rio y me la lleve a la casa, con los años quien sabe donde quedaría.
Fue en el rio precisamente donde conocimos a un
personaje muy particular, que hasta la fecha recuerdo con mucho cariño por que
no solo nos cuidó como un hermano mayor, también nos enseño a hacer muchas
cosas. Su nombre es Jaime y jamás supimos de donde salió, un día sin que lo viéramos
venir apareció y se hizo amigo de nosotros. Era alto, delgado blanco con
cabello chino café obscuro y ojos chinos, siempre sonreía lo recuerdo muy bien.
Hacia cuevas con las jarillas del rio, y ahí nos metíamos todos a platicar y a
contar historias, el nos contaba muchas, recuerdo sus platicas sobre las
gitanitas y como se reia al contarlas. Nos enseño a hacer una lumbrada siempre cuidándola
con piedras alrededor, para que no se quemara nada, también a hacer arcos y flechas
con las jarillas del rio, usando fichas de refresco aplanadas y dobladas para
que se fijaran a la punta, y como había varias
aves en el rio, no faltaban plumas para terminarlas, las probábamos tirándole a
todo lo que se pudiera y para nuestro regocijo funcionaban.
También aprendimos a pescar charales usando una
red de mandado, de las que usaban las abuelas para ir al mercado, y poniéndole dentro
una cruz de madera para que estuviera abierta, y le amarrábamos un cordón para
poder jalarla, la metíamos al agua y se llenaba de charales, la sacábamos con
ellos y los secábamos al sol con sal para comerlos.
En ocasiones, juntábamos el poco dinero que traíamos
entre todos y comprábamos coca colas dos latas de sardinas y galletas saladas y
no las comíamos ahí alrededor de la lumbrada y reíamos y platicábamos mucho.
En otra ocasión nos llevo a pescar a la presa a
pescar, no sin antes advertirnos de los peligros de ir a pescar ahí. Recuerdo
que me acerque mucho a la orilla de las compuertas y me puso una regañada bárbara
y bien merecida, porque si algo me hubiera pasado, que le hubiera dicho el a
mis papas?
Duramos bastante tiempo yendo al rio todos los días
y siempre estaba el ahí, esperándonos con su sonrisa de siempre. Con el tiempo
crecimos y dejamos de ir, jamás volvimos a saber de él fue triste porque nunca
pude darle las gracias por todo lo que hizo por nosotros, los muchos momentos
que pasamos con él y todo lo que nos enseño. Para mí, fue un ángel que nos
mando Dios para cuidarnos, hizo su trabajo y desapareció. En mi mente sigue él
en el rio haciendo cuevas con las jarillas, arcos, flechas y lumbradas. Gracias
Jaime, donde quiera que estes bien.
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