Un domingo inolvidable
Cuando eres niño los domingos, son particularmente aburridos, pues todos tus amigos están en casa con sus respectivas familias y aburriendose igual que uno, y sin una alma con quien hacer nada, fuera de tus hermanos y hermanas, que en ese momento no son los mejores compañeros de juego, pero al tiempo los valoras en su justa dimensión.
Estaba pues pensando que hacer y me vino a la mente jugar con mis hombres de acción, que eran unos muñecos de plástico, que movían las piernas y los brazos, y contaban con muchos accesorios como: armas, diferentes uniformes, caballos etc. Empece a jugar con ellos como siempre, poniéndolos en el jardín en diferentes posiciones de combate, luchando con un sinnúmero de enemigos imaginarios y haciendo todos los ruidos de ametralladoras, balazos, granadas y cañones, con que mas? si no con la boca.
Entrado ya en el juego y en plena diversión me acorde de algo que paralizo mi juego por unos instantes. Era normal que todo un joven de secundaria jugara todavía con sus hombres de acción? Como lo verían mis compañeros de la secundaria?, especialmente los muy aseñorados, que ya contaban con bigote? Me encontraba pues, en un serio dilema, por que me estaba divirtiendo como enano, pero con un cierto sentimiento de culpa, y fue precisamente en ese momento que me di cuenta que ya había crecido y que ya no podría jugar con mis juguetes de niño por mas tiempo, no importa cuan divertido fuera, así que decidí hacer la mejor despedida para mis hombres de acción y jugué y los disfrute como nunca, todavía tengo la imagen en mi mente donde me veo de niño con el Coronel Maddox en su uniforme de caballería montado en su caballo negro y a uno de mis G.I. Joes vestido con su uniforme de combate y armado hasta los dientes en un Jeep. Que juego fue aquel, jamas lo olvidare, porque en mi mente, todavia puedo ver a mi ninio interior jugando.
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