Un domingo, como muchos otros, nos encontrabamos en la casa, aburridos como todos los domingos. No se por que lo son, o lo eran en ese tiempo de la niñez, sera a caso por saber que al dia siguiente regresariamos a la escuela, y de niño a nadie nos gusta? o por que es un dia familiar y no podiamos jugar con los amigos como de costumbre? pues los juguetes seguian ahi dentro de los cajones, siempre esperando por nosotros.
Estabamos pues esa tarde de verano despues de comer, mi padre estaba con animos de jugar o de hacer algo con nosotros, o a lo mejor para sacarnos de ese aburrimiento que produce una inquietud barbara en los niños. Asi que salimos de la casa mi hermano mi papa y yo.
Nos habian regalado unos papalotes, el de mi hermano no lo recuerdo bien, pero el mio era uno de forma triangular, como tipo mantarraya, de color azul. Tenia un paracaidista en pleno vuelo y decia skydiver.
Caminamos por la calle Leticia, pasamos la Elia y unas casas adelante, pasando la casa en la que alguna ves vivio Ana Luisa Leyva, habia un gran terreno baldio, el cual daba hacia el Rio Chuviscar, y si se seguia hasta arriba, daba hacia un enorme tanque de agua en donde hoy se encuentra la Potabilizadora. Mas adelante estaba el Instituto La Salle y de ah la Presa Chuviscar. Era una gran extension de terreno, y habia una planicie muy larga en donde poder correr, andar en bicicleta o volar papalotes.
Ya estando ahi, mi papa empezo a armarlo: tenia una estructura triangular, con una punta de plastico en donde se insertaban dos varillas de madera en unas solapas, se amarraba el hilo en el centro en una parte hecha para tales efectos, y asi quedaba lista vara volar. Se levanto con el papalote en la mano, y empezo a tomar el hilo que necesitaba, se alejo de nosotros con rumbo hacia el tanque de agua. Cuando estuvo a una distancia razonable, inicio carrera, mi papa, gano algunas medallas en el ITESM Campus Monterrey en pruebas de velocidad, asi que para el no era problema correr rapido.
No voy a olvidar el ver mi papalote volar por primera ves, jamas habia visto uno, asi que era toda una experiencia verlo volar detras de mi papa, primero dando algunos vuelcos erraticos, pero luego, poco a poco casi de manera imperceptible, empezo a izarse y mantenerse en vuelo, era maravilloso verlo volar, mi papa empezo a darle hilo poco a poco, para elevarlo mas, y asi, inicio su vuelo cada ves mas alto mientras mi papa corria hacia nosotros.
Jamas olvidare su rostro sonriente corriendo, sabiendo que el papalote ya se encontraba en vuelo, quiza solo lo hizo para llegar a nosotros mas de prisa, quiza lo hizo para elevarlo mas alto, es una imagen que tengo grabada en el alma, mas que en la memoria, por que creo que por un momento conoci al niño interior de mi papa, que en ese preciso momento, estaba ahi con nosotros, feliz volando el papalote y yo orgulloso y feliz por verlo.
Asi nos quedamos, volando el papalote, cada ves mas alto, hasta que era solo una pequeña figura suspendida magicamente en el aire, por no se cuanto tiempo. De niño el tiempo transcurre de manera diferente, de alguna extraña manera mas lento que de adulto. Deberia quedarse el tiempo asi para siempre nuestra percepcion del tiempo no?
Siento que ese momento fue asi, lento, por que en mi mente sigo viendo a mi papa, con esa amplia sonrisa correr, pero en camara lenta mientas de fondo escucho una cancion de un comercial que me gustaba. De esa forma, se impresiono esa imagen en mi alma y en mi cerebro, como las imagenes de una camara estenopeica cuando abrimos el objetivo y dejamos entrar la luz y poco a poco se forma la imagen imborrable ya.
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