domingo, 28 de agosto de 2011

Infancia... añoranza de tiempos mejores

Sexto de primaria esa etapa magica entre ser ninio y empezar la pre adolecencia. El mundo era diferente. Era tiempo en que usabas calcetas hasta la rodilla, tenis converse, shorts hechos de un pantalón cortado de mezclilla y una camisa de rayas estilo pepe el toro. Un montón de amigos jugando soccer en la calle en un tarde cálida de verano, para después tomar agua directamente de la llave, sentarse bajo un árbol a ver quien había hecho la mejor jugada, risas, bromas, juego y diversion, mientras en el radio de algun vecino se escuchaban canciones como Hooked on a feeling de Blue Swede, Band on the Run de Paul McCartney, o Venus de The Shocking Blue y pensaba que esa era la mejor canción del mundo. El tiempo después me diría al oído que la mejor canción del mundo es la que estas disfrutando en ese momento y que hay muchas.
La calle era nuestro patio y eramos sus dueños. Lo mismo soccer que baseball, o declaro la guerra a....! tirarse maromas en el pasto, o jugar luchas.  Los terrenos baldíos y el Río Chuviscar hacían mas grande todavía nuestro patio.

Ya anocheciendo, era tirarse en el pasto a ver las estrellas, jugar escondidas o bote volado, mientras la risa, las bromas y el juego seguian, no habia nada de que preocuparse, todos esperabamos el caracteristico grito de ya metanseeeeeee! o ya esta la cena.  Nos ocupabamos en divertirnos y en ser niños, y sabiamos que el dia siguiente seria igual.

viernes, 22 de julio de 2011

Vagancias menores

Hay varios recuerdos que se me vienen a la mente con los cambios de luz de verano a otoño. A veces recorrer la colonia de niño con mi inseparable secuaz el Bony Barriot y pensar en que nueva vagancia podríamos hacer, claro, no eran cosas muy serias. Cosas simples como timbrar en una casa y salir corriendo, tomar mandarinas o chabacanos del árbol del vecino, trepar por las bardas de las casas y de ahí a los techos y desplazarnos por ellos por toda la cuadra, o esperar al camión de los refrescos, para tomarlo por asalto y lograr el codiciado botín de una Elite El Valle de botella, de las grandes. El procedimiento era muy sencillo, mientras checabamos a donde se dirigía el chofer del camión, cuando se bajaba a hacer una entrega, aprovechamos para tomar cualquier refresco, sin importar el sabor y salir corriendo con el botín, por ser pequeños, cabíamos casi en cualquier parte. El plan era salir corriendo y perdernos en los laberintos, muy conocidos por nosotros, del Rio Chuviscar que pasaba cerca de la casa. El corría para un lado y yo para el otro, así que el chofer se conformaba con pegarnos una correteada barbara y luego hacer corajes. El botín, lo disfrutábamos, caliente, pero rico después de toda la odisea.

En otra ocasión, nos dio por quitarle las molduras a los carros, esas que dicen el modelo como Thunderbird, Falcon etc. teníamos una colección bastante nutrida de ellas, pero la mas codiciada era precisamente la del Thunderbird, que le quitamos a el auto de un acaudalado empresario, y al estarlo haciendo, que se cae y hace ruido, y su chofer salio y nos pego una correteada barbara, pero el miedo, y la adrenalina nos dieron fuerza para escapar en bardas y azoteas de las casas vecinas, para luego terminar en el cuarto de atrás de mi casa, y platicar entre risas nerviosas y falta de aliento, la odisea entre risas nerviosas, lo que acabábamos de vivir

Al tiempo, un dia, mi madre descubrio la coleccion que teniamos guardada dentro de un sofacama que teniamos en el cuarto de atras, y me hizo tirarlas, me dolio mucho tener que hacerlo, pero pues ni modo, el castigo ya me lo sabia de sobra.